Thursday, May 29, 2014

Mentecato Fortuny


La cabeza de cebolla corretea por la oficina luciendo su grácil posado, cual cervato sintacato, en alípodes de torneo. Yo me dispongo a contraer matrimonio por enésima vez con el escualo abérrimo, celebérrimo asunto, macabro y oscuro deseo. A ver si esta vez alcanzamos la parte final del ritual… aunque ese mentecato de tiburón poco hará por mí de buenas a primeras o de cuartas a quintas.

Que el tiempo pasa ya lo sabemos. Lo sabemos absolutamente todos. Aquí de lo que se trata es de lanzar tu pensamiento un poco por encima de los demás. Yo, ahora, por ejemplo, tengo un volante. Me encanta conducir con ese volante. Lo utilizo para mis videojuegos. Pero creo que lo voy a hacer más grande. Le voy a anexionar un pequeño hula-hoop alrededor. Lo forraré con una suerte de material que emule la piel de cualquier volante de gama alta. Un volante que va más allá de lo chevroleteño. Obvio. Yo también tengo derecho a soñar. Soñar gratis, no? Tengo una pistola de silicona con la que enganchar con fuerza la anexión soñada al volante original. Yo tengo derecho a soñar sin tener que pagar un precio a cambio, no?

Es lo bueno de la descuidada humanidad. Que sueña sin pagar precio alguno. No hablo de precio económico. Hablo de precio moral.



Monday, May 26, 2014

Amar en fase única

Es una mañana colmada de una ceniza que vino ayer… Ha venido de muy arriba, de muy lejos. El lugar en donde el gasoil de tu vehículo te lleva. He ido hasta andorra en mis sueños, y sin moverme de casa. Mientras galopaba con mi cuatro ruedas, los rostros de la gente más importante de mi vida empezó a aparecer. Todos ellos, también de camino a Europa. La evasión fiscal no cabía en la cabeza de nadie. Como mucho, irían allí por el tabaco, y por las buenas sensaciones. Saberse rodeado de montañas altas es algo extraordinario. 

Nevaría, nevaría probablemente en invierno, y los restaurantes seguirían ofreciendo pizzas prosciutto con huevo. Yo llevaría mis cascos, buscaría mi chaqueta de cuero soñada en los establecimientos de la principal avenida de la capital. En ese lugar no me importaba estar o dejar de estar enamorado. Porque allí, la fase del amor era única. Todos los buenos sentimientos que despertaban en mí las personas, eran uno sólo. No sabes lo sencillo que es existir, cuando la fase del amor es única. Cuando no concibes las tipologías de amor. Cuando no te desgastas pensando en cómo querer. Cuando solo te dedicas a querer.

A mí me ha pasado, que se me ha adormilado esa herramienta inútil que es el decodificador de la tipología del amor. Eso que te hace querer a un hermano de manera distinta que a tu amada, a un buen amigo humano de modo diferente que a un perro fiel. Me he encontrado entonces, tocándole el culo a un tío, y dando una palmada fuerte en la espalda a una delicada niña.  No se trata de un canto a la homosexualidad o a la zoofilia. Se trata de explicar que he llegado a la fase única, a  la original. Durante un instante de lo más fugaz, pero he llegado. Allí donde te dedicas a querer sin pensar. A amar sin cabeza. Fray Luís supongo que tenía muy por la mano este tema, pues se hacía pajas contemplando las copas de bellos árboles.


Sólo un apunte más. Quizás el odio no resida donde haya ausencia de amor. Quizá el yingyang ese o como se escriba, no explique la base de nuestra razón. Quizás el odio resida entre las ramificaciones que nosotros mismos nos imponemos y creamos a la hora de elegir nuestra forma de amar a los demás. Quizá no se tan sencillo como decir que el miedo es la ausencia de amor. Quizás la respuesta sea destruir el decodificador de amor, para QUERER por fin y permanentemente, en fase única.

Wednesday, May 21, 2014

Desasosiego al fin

Zeppelines que pasan a engrosar la lista del paro. Edificios que se desmoronan sobre el fisco. Corazones con sobrecarga eléctrica y poca, muy poca pasión. La vida pasa y son pocos los bosques por los que se cuele la música bendita. Son pocos los muelles colmados de hollín donde quedó desgajada mi nostalgia. Tirada como un perro muerto.  Hay pocos lugares donde ir a recoger ese amasijo de mí, de lo que fui en un lugar en donde nunca existí. Los balazos en los muros, las pintadas de los rebeldes, la incomodidad del calzón sucio, el frío húmedo golpeándome en los huesos, lavarme los dientes en el lavabo de un bar sin que diligentes  y regentes del Reino Unido caigan en la cuenta. Las borracheras con alcohol barato, el luchar por cada penique, y los largos paseos con la mierda asomando, con el aguijón fuera. No puedes cagar en cualquier lado. Tienes que encontrar TU BAR.

Esas cosas, además de los fish and chips, retienen más parte de mí de la que creía. Ese mal olor, esa guarrería inherente a todos los habitantes de esas islas, esa suciedad incluso para con sus hijos, y después esa forma de protegerlos.

¿A dónde vas, mundo loco, y a dónde voy yo encima de ti? Debe ser que todo me importa muy poco, pero un poco más que a los demás.

El otro día, el borracho de la cola del Inem cantaba su canción favorita. Lucía su camisa favorita, aquella bañada en esa mezcla de mugre, alcohol y sudor.. La letra de la canción decía así:

“I’ve got the feeling somebody is watching me”.

No creo en las señales, pero sí que me impactan sobremanera las frases lapidarias. Y esa, a pesar de no serlo, me impactó como si lo hubiera sido. Fuertemente sido.  A día de hoy, sigue vigente en mi corazón. Quizás alguien nos observe, dejándonos morir, riéndose de lo ridículos que somos.


Me cago en las putas fuerzas israelíes. Me cago en todas ellas. Me cago en todos aquellos que nos llevan de cabeza, esto es en el 95% de la raza humana. Me cago en los soldados que matan a estudiantes inocentes como si se tratara de un simple juego de puntería. Me cago en el ojo por ojo diente por diente que tanta gente predica y que acaba siempre siendo más de un ojo por ojo y más de un diente por un diente. Desde luego que nos merecemos lo que nos pasa. Desde luego que somos nuestra propia condena. Veo como matan a estudiantes palestinos y me avergüenzo de compartir el mismo genoma que quienes aprietan el gatillo. Me cago en la puta derecha española y en su manera de mentir y me cago más en los que se lo creen, en los que les votan y en los que no votan. Me cago en la ciudadanía, que se queja y se victimiza a si misma sin poder aceptar que nadie, absolutamente nadie la azuce y le diga lo gilipollas que es. Somos un puto problema sin solución: Cuando alguien pasa la barrera social para convertirse en líder, los mismos que lo han levantado lo machacan. Somos demasiados y la gran mayoría debemos desaparecer. Me cago en esta puta sociedad individualista donde la gente no sabe ver más que sus problemas propios, y no sabe entender la asociación directa que hay entre los valores que nos inculcan en nuestra escuela, en nuestra puta habitación, y las guerras que después matan a millones de personas. Sé que no digo nada nuevo, pero es que la raza humana lo ofrece, tampoco. No ofrece nada nuevo. Solo gente que se alimenta mejor con la puta comida orgánica, que es comida para ricos, gente que se cree que es justa con el planeta solo por comer lechuga sin pesticidas y por hacer yoga, pero que después está igual de integrada en el sistema, con sus seguros de vida, con sus estudios en universidades privadas, con sus coches a gasolina… Hay tantísimo ruido, tanta hipocresía y tan poca genuinidad…  Todos giramos entorno a lo mismo. Hay que eliminar la casta política, hay que borrar del mapa esta gran broma. Hay que jugarse la vida para derrumbar a los iluminati y a las empresas, los grandes lobbys son el origen. Hay que descabezarlos. Todos vemos venir la tragedia pero nunca nadie hace nada, porque todos tenemos la esperanza de estar ya muertos para cuando el fin del mundo sobrevenga. Todos esos políticos barrigudos de 60 o 70 años, te crees que a ellos les importas? Te crees que lo hacen por vocación? Y una mierda para ti. Somos el colmo de los colmos. Somos nuestro propio cáncer. Somos caníbales y lo que más poder tienen ya están preparando su plan de supervivencia. Porque eso es a estas alturas ya más práctico y realista que tratar de arreglar el daño hecho.  La mecha está prendida, y solo esperamos a que todo estalle para cuando nosotros seamos polvo.

Monday, May 19, 2014

Alférez, instructor y muerte

El comandante instructor García Trasorras venía pensando que él era más rápido incluso que la muerte. No cayó en la cuenta, de que su propia reflexión podía jugarle una macabra ironía que le costaría la vida.

Cuando Trasorras se jactaba de ser  más rápido que la muerte, aludía a sus periódicas maniobras en la base de Rota, donde  era conocido por su temeridad y preciosión a los mandos de los cazas F-17. Decía que antes de que la muerte le echara las garras encima, él ya estaba saliendo airoso del zarpazo, cual grácil mosca ente el humano manotazo.

Aquél día y aquella práctica junto al alférez alumno  Meca Huevo, no debía en teoría suponer problema alguno. Incluso cuando la turbina estalló, se mantuvo empecinado en dar altura al avión, sin plantearse la pertinente eyección. La suya, y la de Meca Huevo. Este joven alférez, iba a asistir a propia fatalidad retransmitida, sin saberlo. Su cometido, no iba ser otro que ejecutar diligentemente las órdenes que Trasorras le transmitiría. Su respiración entrecortada, la del alférez, sólo in crescendo durante el último momento, nos enseña que solo percibió la amenaza real por la que su vida estaba pasando pocos segundos antes del dramático desenlace.

El suceso deja tras de sí varios interrogantes. Pero en la base todos conocen la verdad, más allá de oficialidades y respetuosos silencios. Porque la verdad se palpa. Más aún cuando se sabe, pero no se dice. Ya sabían lo del meteórico a la par que sospechoso ascenso  en la cadena de mando de Trasorras, ya sabían del ansia de los oficiales del ejército nacional por demostrar a los yanquis cuánto se equivocaban declarando NO APTO a Trasorras. Aquello de la dolencia en el riñón, no podía ser suficiente motivo para impedirle pilotar. Trasorras era un virtuoso, y era casi una ofensa la sentencia de la comisión americana.

Todos, absolutamente todos los que llevaban en la base ya un tiempo, sabían que se estaban comiendo con patatas su patriotismo y su cabezonería. La panza del F-17, había tocado con mucha fuerza el alquitrán de la pista, creando una masa de fuego de la que fue un milagro sacar al alférez con vida. Con Trasorras no se pudo hacer nada.

Luego de ver el documento audiovisual, luego de escuchar la grabación con las conversaciones entre pilotos y torre pocos minutos antes del impacto, uno se pregunta, cuánto de inmunes somos a la presencia propia de la muerte. Cuánto somos capaces de aguantar ante la evidente amenaza, creyéndonos que estamos tocados por una suerte de bendición divina que siempre, siempre, en el último instante, nos va a salvar el culo. Me pregunto si yo mismo, como en mis sueños, o como el gato que se queda hipnotizado en la noche  frente a los focos de un vehículo que se aproxima, voy a esperar, esperar a que todo salga bien, simplemente salga bien, pese a tener otras alternativas más aparatosas  de evitar llegar hasta el fondo del asunto.

Sí, ¿hasta qué punto hemos perdido el respeto a la muerte? ¿O hasta qué punto delegamos en los demás para que salven nuestro culo? Ojalá fuera posible recolectar los últimos pensamientos de gente fallecida en accidentes, para poderlos analizar, uno tras otro y poder extraer alguna conclusión que dilucidara cuál es el punto real en que te sabes definitivamente muerto, antes de morir, si es que lo hay… Y en caso de haberlo, averiguar si  es aún reversible por el propio sujeto afectado la situación de amenaza inminente o si no es esta percepción, más que cantos de sirena, hipnótico baile negro y gran última broma de la diosa muerte.


“Mis carcajadas os sobrevuelan constantemente, y cuanto más se aproxima vuestro momento, más sonoras son, hasta el punto de revelaros brillantemente vuestro fin, poco antes de que suceda.”

Monday, May 12, 2014

Timanfaya


Tenemos poco tiempo hasta llegar a donde sea. Siempre hay poco tiempo Incluso cuando bailas como un puto romeo, hay poco tiempo. A veces hay dos columnas donde creías que tan solo había una. A veces tratas de cazar un solo instante. Quizás cuando se cruza tu mirada con la de alguien que te importa. Lanzas tus brazos hacia no sabes dónde. Procuras congelar el aire. El miedo te invade mientras tanto. Ojalá fuera todo un poco más sencillo, ojalá pudiera dedicarte todo el tiempo de mi vida. Ojalá hubiera una vida para cada una de mis pasiones.

Otros hablan. A otros les gusta hablar. Yo soy más de conducir; enfilar tus curvas sin que nadie me pregunte. No hace falta decir que me puedo despeñar en cualquier momento. No va a servir de nada. Nadie me va a rescatar. En un día gris y tapado, solo quiero alargar los vacías que hay en mis charlas con ella. Mientras la lluvia cae y el mundo rueda sin rechistar, yo izo la bandera blanca, clavando su base en tu isla. Podría pasarme aquí toda la vida.  Podría dejare llevar por el sonido de tus olas. Es el único rumor de tu alma. Aquí no llegan las estupideces de los demás. Me di cuenta un domingo, que es cuando más se desnuda el alma. Con frecuencia me rodeo de necios.

***

Penetro en tu interior a través del humo de tus cigarrillos. Te entrego toda mi nada, que es mi parte más importante. Los predicadores siguen en la calle gritando. Los camiones de la basura rugen, y aquí solo llega su sonido amortiguado. Se te ocurre mirarme. Y a día de hoy aun no sé qué es lo que pretendes ver. Ni siquiera yo sé si soy un reflejo de mi mismo. Las preguntas se entremezclan con el propio paquete de tabaco, el tiempo se enhebra junto con el puto cenicero que hay encima de la mesita de noche. Me cago en todo porque hoy no hay nada que no duela.












Monday, May 05, 2014

Enfrentando a Vallirana

La pelota del billar viene a golpearme con fuerza en la nuca. Mi cabeza se desplaza acto seguido hacia el marco de la mesa, y si a día de hoy me pides que recuerde aquél impacto, solo te contestaré. “el Roble de Vallirana”.

Los domingos son el camino, lo más cerca que se está en vida del siguiente estrato. Si subes la cuesta alquitranada, te encuentras con una fuga, un solapamiento, una interferencia… entre esta realidad y la siguiente.

El Ketchup de la vida trazó una estela llamada N-340. Lo supe desde el momento en que osé aburrirme entre las litorales y prelitorales sierras.  Aún era joven, y los monopatines se hacían llamar monopatines y no skates. Las suturas no eran perfectas, quizá por ello las cicatrices dejan huella a día de hoy. Se acerca la gran ola de aburrimiento, y cuando boxeo frente a mí mismo, en este cuadrilátero que es el papel o la pantalla, me atrevo a levantar la mirada, pese a lo temeroso que soy, para saltar al vacío de tus ojos. No es algo sencillo, pero es momento de aburrirme mientras te rozo.

Después, polinizaremos un claro para hacer brotar nuestra propia Vallirana. También construiremos grandes complejos piscínicos, y encontraremos el alma gemela de la Máster System. Nos convenceremos de que hay un Michael Jackson también para nuestra generación… Y sobretodo acudiremos diligentemente a la sede a confesar nuestros pecados, así como nuestros anhelos.  Buscaremos nuestra urbanización soñada como quien busca una forma cualquiera de fe. Y nos estiraremos a tomar el sol tranquilos, cerrando los ojos mientras las gotas de nuestra espalda se evaporan y los niños siguen saltando y chapoteando en la piscina. Sí, cerraremos los ojos en paz, olisqueando la muerte en forma de aperitivo, pero viviendo con fuerza hasta nuestro final.



Friday, April 25, 2014

Cuando todo es pequeño

Hay días en los que te levantas, y todo parece mucho más pequeño… tanto que puedes abarcar el mundo entero, para lo bueno y para lo malo.   Ves todo tan minúsculo, que te sientes muy solo. Tu propia vida, puedes apretar entre tus manos tu propia vida. Tus propios sueños. También los ves pequeños. Tus propias ilusiones. No sientes, en ese momento tristeza. Es demasiado nimio todo para sentir tal sensación.

También es bello, sentir como tus propias memorias son pequeñitas. Los anhelos de la gente que conoces, también los ves poca cosa. Sus aspiraciones, sus metas. Tu voluntad, la suya. Los objetivos, los propósitos. También las frustraciones, los miedos, temores…  todas esas cosas que tiene la vida… se ven insignificantes…

Hoy me siento así. No estoy triste, tampoco contento. Ni siquiera me siento indiferente. Sé que todo habrá desaparecido, o que va a desaparecer, o que ha desaparecido. Incluso el tiempo deja de importar. Y tratando de encontrar el significado doy con lo de siempre: Una carcajada de no sé quién.

Nadie me está faltando el respeto, cuando siento que la vida es pequeña. Pero la carcajada que golpea mis paredes más profundas amortiguadamente, sigue estando demasiado lejos. ¿Quién la profiere? No lo sé.


Pero es hermoso de tan delicado todo. Y pensar que mañana no vamos a estar aquí, ya no me estremece. 
En días como hoy no me estremece la muerte. Si muero, mis compañeros de trabajo seguirán igual. Mi familia saldrá adelante. Las chicas a las que he querido alguna vez, se acordarán de algo relacionado conmigo.  No sé, nadie habrá estado por encima de mí, ni tampoco por debajo. Todos sufrimos la misma condena, y si pasa como hoy, en que incluso el tiempo deja de importar, hay poco que hacer como humano. Solo querer fundirse, formar parte de un par o tres de cosas, pero liberarse de la entidad como sujeto. Lo noto, no me preguntes porqué pero hoy o noto. Solo quiero observar y ser a la vez, parte del paisaje. 
Eximirme de juicios y prejuicios, de opiniones y de razón. Ser sólo varios bastiones. Simples bastiones. Aquí caben todas las cosas, porque todas son muy pequeñas… tanto que incluso me apetece a mi mismo soltar aquella carcajada… aquella carcajada que escucho cuando noto que todo es muy pequeño. 

Wednesday, April 16, 2014

Cienfuegos

De entre el ruido que has querido hacer, de entre las palizas que me has querido dar, de entre los juegos a los que me has invitado a jugar…
De entre las caricias que me has denegado, de entre todos los pensamientos cargados de ilusión que me has destripado, de entre todo aquél manto de tranquilidad que levantaste porque con aquello no te conformabas… Has ido muy rápido otra vez…
Me acuerdo de cuando me pediste paciencia. Me acuerdo bien. Para mí eso nunca supuso un problema. Para ti parece que sí.
Da igual. Si lo que querías era hacerme sentir mal, lo has conseguido. Si lo que querías era que te persiguiera pasada la meta, lo has conseguido. Pero ya se ha acabado… No tengo tanta alma como crees. Y mi paciencia, quizás no la merezcas.
Es una pena, no tengo problema en reconocerlo. El paso de los años tiene estas cosas. Que te importa menos reconocer las derrotas.

Ahora vienen días extraños, extraños porque siempre es extraño volver a casa, a lo de siempre… pero me manejo bien entre esas cuatro paredes. Podría odiarte, incluso parecía que era lo que desabas, que fuera un verdadero hijo de puta. 

Monday, April 14, 2014

Antes de ragoo

Domingo por la mañana, te limpias la mierda después de haber trabajado duro. Es la vuelta a la oficina el día antes. Tienes que atender llamadas y tratar de mantenerte ocupado, tienes que correr por una vasta llanura cabeceando a tus rivales, que son tus amigos. Hace sol, tratas de entender qué es lo que ha ido mal. Sabes que no lo vas a acertar. No es la primera vez que te pasa. Has perdido el conocimiento durante 48 horas y ahora de nuevo tienes que salir corriendo por los prados. No tienes fuerza para desear el mal a quién te ha hecho mal, pues lo ha hecho sin querer quererlo. Al final lo ha querido, porque estas cosas se quieren. La mente no tiene capacidad de decisión.

El lamento, el ultimo lamento consiste de nuevo en la poca paciencia, la mucha velocidad. Ayer por la noche pasé el coma más largo de mi vida. 12 horas que me hicieron suspirar de dolor varias veces y me hicieron preguntarme qué clase de maricona soy.


Ahora ya me siento algo más atado a la cordura de siempre. Tendré que follar para desquitarme. Aun no tengo ganas de follar para desquitarme, pero este miércoles puedo tenerlas. Aún duele. Duele mucho, y los planes, los planes siguen ahí amontonados. No es que no hubiera nada que demostrar, es que no hubo tiempo para demostrar nada interesante. LA edad del consumo de emociones me estrangula.

Friday, April 11, 2014

Al calor de los buenos amigos

Sé en qué estás pensando.
Sé que no tiene ningún tipo de sentido. 
Que desde el principio lo único que hice fue hundirme. 
Que todo lo que me había prometido, me lo estoy pasando por el forro. 
Lo sé. 
Sé que la idea de comprar la barbacoa, gastar mis días al sol y tranquilamente, acaba de saltar por los aires.
Las garantías, sin embargo, siguen siendo suficientes: El calor de los buenos amigos.

La caída estaba escrita, la sentencia emitida, la condena decidida… 
instantes antes de que nos diéramos el primer beso. 
Pero la verdad es que si me miro las palmas de las manos ahora, aunque sigan vacías, por lo menos tienen heridas.

Monday, April 07, 2014

Vuelta al Cirio



El Cirio. Tengo que volver a visitar el cirio. Tengo que arrodillarme. El gran cirio me debe una explicación, o por lo menos, yo le debo a él una convalecencia. Quizás, por primera vez sea yo el que tiene algo que contarle.

Volveré a recorrer el camino de tierra con la bicicleta, pasaré algunos campos y huertos. De nuevo, perenne él, me esperará en el mismo lugar de siempre. Como cada vez que lo visito, perseguiré su sombra con mi mirada. Después localizaré el sol, y me alinearé con él y con el gran Cirio. Como siempre, los tres elementos. El cirio es el eje. El sol a un extremo y yo al otro. Sentiré la soledad, la nada, el vació la contención. Solo allí puedo descubrir qué es lo que realmente me mueve.

Con esperanza, esperaré que una vez allí, quiera contar al gran Cirio aquello que haya ido a contarle. 
Después habrá fiesta en la torre, y acabaré como a mí me gusta: identificando los puntos oscuros donde no haya atinado a colocar mis más intensas vivencias. Solo que esta vez no habré ido hasta allí para contemplarlos, habré ido para lanzar la peonza o rellenarlos con argamasa fresca y así poder reventarlos a cañonazos de color.

No me preguntes cómo se hace, porque igual quiebro el hechizo. Pero es más sencillo de lo que parece.
En el Cirio, oscuro, vacío, el canto a la contención, el Silo Supremo, allí es donde me voy a reencontrar con los asuntos pendientes. Allí es donde rindo cuentas. En ningún otro lugar.  




Wednesday, April 02, 2014

Autopistas a ninguna parte

Tengo muchas cosas que decirte. No sé por cual empezar. Aunque el camino sea largo, no sé por cual empezar. La ruta seguramente es incorrecta. Nos lo dijimos desde el principio, y aún así, la enfilamos entusiasmados. Llovía. Siempre llueve. La tristeza se adivinaba cálida, sin embargo. Eterna. Es en esos instantes cuando sabes que juegas con fuego. Cuando llueve y no molesta. Habría muchos pasajes. Nos separarían grandes torres contra las que los mortales difícilmente pueden prestar batalla.

Éramos ciegos, nos tocábamos a tientas. Descubríamos temerosos cada rincón de nuestro cuerpo. Las caricias nos susurraban verdades que las palabras sólo podían soñar. La torpeza jamás fue tan dulce… Todo era demasiado delicado, todo pendía de un hilo frágil que se podía quebrar en cualquier momento. Cada roce podía ser el último. Así es como aprendimos a querernos, conteniendo el olvido, desprotegiéndonos ante nuestros miedos, y por supuesto, asumiendo una especie de derrota anunciada.

Cuantos más centímetros de tu cuerpo recorría, me sentía más desorientado, más abrumado… hasta el punto de perder la noción entre la realidad y todo lo demás. Y así, mientras te viajaba, desaprendí. Desaprendí hasta ni siquiera saber si lo que sentía era dolor o placer. Si lo que me embriagaba era la nostalgia por algo que nunca había vivido, o una ilusión que había venido para quedarse el tiempo suficiente para calarme las entrañas y arrancármelas después.

Méjico, la costa oeste, tu espalda… autopistas hacia ninguna parte.

Monday, March 31, 2014

Guerra de estilos


Hay una línea muy delgada entre lo que es y lo que debería ser. Una línea tan fina que muchas veces las cosas que deberían ser, se disfrazando de cosas que son y viceversa, campando ellas anárquicamente entre los dos territorios.

Las cosas que deberían ser, suelen despertar la envidia de las cosas que son. Las cosas que son incluso consideran una raza superior a las cosas que deberían ser. No las soportan, pero son ellas mismas las que las elevan. Las cosas que deberían ser no acaban de entender el odio que suscitan entre las cosas que son. Ellas están ahí, sosegadas, respetan a las cosas que son, y sencillamente permanecen muy tranquilas, muy naturales. Porque las cosas que deberían ser, digamos que fluyen. En el mundo de la imaginación, pero fluyen.

Cosas que pasan. Las cosas que deberían ser  a veces se cuelan entre las cosas que son, generando un estado de felicidad en la masa social. Se considera entonces que la ficción supera la realidad y se confía de repente en la condición humana. A menudo, sin embargo cuando una cosa que debería ser se cuela en el mundo de las cosas que son, las cosas que son tratan de ahogarla porque no soportan su belleza, supongo. Las cosas que son, son de esas cosas que piensan así como “si no eres mía, no eres de nadie”. Mal negocio para las cosas que deberían ser.

O las ahogan o, sin ellas saberlo, se convierten en mercancía, en bandera de unos pocos que son, se tornan en un “por interés te quiero Andrés”. Se desvirtúan así. Pierden su esencia progresivamente y sin caer en la cuenta. Porque las cosas que son, son listas a pesar de salvajes.


Hay que matar uno a uno a todos los corruptos del país. La clase política inmisericorde debe pagar muy duro. Hay que hacer que escarmienten. Inexorablemente nos dirigimos hacia el dolor. Nadie lo está sabiendo parar. No hay que ser un lince para darse cuenta. Todos pensamos en el fondo “a mí ya no creo que me pille, porque ya estaré más muerto que vivo. Pero muerto estás ya, gilipollas. Muerto en vida. Y postergar es lo único que se nos da bien. A la mierda con todo.

Friday, March 28, 2014

La deformación del tiempo


No sé, son las catedrales se extienden dentro del corazón. Su altura marca la anchura del torso de uno; se trata de espaciar lo espaciable hasta que se precie. Por ejemplo, el momento en que perdíamos el tren y yo te arrastraba, cogido a tu mano.  Entonces, en ese instante, el espacio se ensanchó, los sentimientos desbordaron la realidad y se esparcieron por alrededor. Es un golpeteo duro, que quiebra el hilo frágil que nos separa. Una suerte de accidente mediante el cual recibo un puñetazo en el estomago, a pesar de que solo me rozas con tu pelo mi frente.

Hablo de las catedrales que levantaron para congelar el tiempo. Hablo de estirar la realidad haciéndola sobrepasar su límite elástico. Hablo de rajarte el vientre.

Las noches dejan de ser noches, las horas cambian su nombre por el de las emociones, y los gritos amortiguados del vecindario -benditos gritos-, se tornan el escudo contra el que nos protegeremos de la deformación temporal. Parece que nada tenga sentido, pero es muy sencillo.


Piensa en la altura de esas catedrales. Solo tienes que pensar como se elevan por sobre tus costillas, como te abren en canal el torso. Eso mismo es la elasticidad del tiempo.

Monday, March 24, 2014

Queeky

A veces, siento que el sol rueda por mi nuca, siento que me abre entero y me abrasa las entrañas. Podríamos decir que es un estado de sitio, aquel justo en el que se desborda la felicidad de uno, generando en su haber una suerte de histeria contenida. Contenida, pero histeria. Noto que quiero estallar y desintegrar todo lo que hay a  mi alrededor. Convertirlo en polvo. Quiero ser el protagonista de mi propia vida, ser artífice el mejor shoot’em up que jamás se haya creado. Colocarme detrás de la cámara subjetiva, ser yo quien transite por espesos bosques cibernéticos. Ojalá, pienso entonces, ojalá  mi vida se pudiera casar con mis sueños. Ojalá se estrellaran con fuerza las ilusiones y las realidades. Ojalá cubrieran toda la oficina con un manto de ceniza que convirtiera en piedra a todos los que ya caminaban muertos en vida… ¿Cuántos de ellos quedarían a este lado de la existencia? Supongo que aquellos con licencia para sobreponerse a la inmisericorde rutina.

Que sí, que somos muchos, pero yo sólo te quiero a ti. Verás, tú eres mi camino. No me preguntes porqué. 

Wednesday, March 19, 2014

Besa seco

Ciérnete sobre mí, oscuridad, a través de ella. Deslízate empezando por los bajos de mi cama; trépame por el pecho hasta ahogarme, eternizando el último suspiro.

Ven a mí, negrura, que mi corazón tiene por despecho la autopista más sencilla de inundar, anegar del lodo y la espesura de ti… oscuridad mate, opaca, oscuridad que mata…

No confundir con el ébano esta negrura, como no se debe confundir la lástima con la soberbia, ni la bondad con la justicia. Por eso me hallo jugando con fuego al final de los días, escondido junto a ti entre los arbustos donde encontré el beso que me diste después de todo el tiempo pasado. “¿Qué tal?” me dijiste, y yo sólo pude pensar en lo enganchados que estuvimos días atrás. No acerté a contestar. A jardín abierto, los demás sacaban la tarta, la gente reía y se tomaba fotografías. Sólo sé que te encantaban las sorpresas, y mientras pensaba en cómo hacer para sacarte de tu espacio, te avanzaste, y me besaste. Me besaste anunciando el fin del mundo.

Nunca me había parecido tan bien poner precio a mi alma, nunca había sido tan fácil abandonarme a merced de una brisa proveniente de las borrascas más lóbregas. Cuando pusiste tus labios allí, supe ver que ibas más allá. Mientras se caía la guitarra de mi mano, mientras se descolgaba de mi cuerpo lo que quedaba de mi mismo… el sentido común ardía... Fue el beso un mensaje cifrado, en cada rugosidad una declaración, y en las comisuras, cañones de revelación. El mundo se acabaría, me lo dijiste con aquél beso mientras los demás reían y bailaban, mientras las copas se partían y la ciudad se resquebrajaba.
Lo sabías desde el primer momento, pero no se lo dijiste a nadie. A través de ti, una inmisericorde oleada de lamentos y arrepentimiento me invadió. Ni siquiera intenté deshacerme de la angustia, ni siquiera intenté destruir una sola de las dolorosas confesiones con que me atravesaste.

Sólo mire a mi alrededor, y ya colocado desde tu punto de vista, acerté a decir… “quizás es mejor así”.



Tuesday, March 11, 2014

Una palabra

Dame una palabra como la que me das. Suficiente. Suficiente para tomar carrerilla. No pienso leer más. Sólo la primera de las que me das, porque ella sola, prende todas las fantasías que caben en mi cabeza. Será que si escucho dónde va a para lo que me tienes que decir no  va a ser seguro tan bueno.
Dame una sola palabra, que es la chispa por la que transitan todas mis ilusiones ahora por ahora anquilosadas. Una sola, para saltar en trampolín. Arranca las riendas al caballo, pero no lo montas, Deja que corra salvajemente. Va a ser insuperable seguro. Por eso no quiero leer ni una palabra más de las que me has reservado. Quiero manejarme en la incertidumbre, vagar por la incerteza, alimentando a la esperanza mucho más que el desaliento. Permíteme que marque el rumbo de mis propias sensaciones, aunque me halle en un país de mentira, gobernado por los cuatro suspiros de mi cabeza, un país cuya religión es tu maldita palabra.
Ahora pienso que ya he estado preparando mi chándal, o un puto mantel de picnic, pienso en decirte que ya he dejado de lado mi adicción al alcohol. Que también yo sé disfrutar del sol, que también soy capaz de hacer footing y de pensar a mi manera en la autopista que hay trazada hasta lo más profundo de mi existencia.

Sí, no tengo a nadie explicándome como conducir, pero también me voy a llegar al fondo de mis asuntos. ¡Mi esquela, tú no me la quitas!

Monday, March 10, 2014

Dándome asco

Sienta cátedra. Los pájaros van a volar durante un tiempo más. Hoy presume un poco menos de problemas. Qué suerte poder tener tantas dudas y no dejar de lado un pedazo de felicidad. Qué bien poder ser como soy, tan azorado habitualmente, tan abrumado, y sin embargo, poder tener momentos finos finos.

Puedo decirlo, a pesar de concebir de manera extrema la nimiedad de la existencia, hay que hacer bien esta piruetilla de vida.

Es triste haberlo encontrado así, es triste, pero me va a servir para acercarme a la objetividad. De todo el dolor de todos los mortales, el mío es más allá e insignificante, injusto. Más allá de injusto, está injustificado… es casi una falta de respeto que me pueda sentir extremadamente miserable cuando nada me impide destrozar aquello que no me gusta. Tengo dos manos, dos piernas, un rabo que aún da buena guerra. Aún estoy lúcido. Son cosas básicas, pero coño, lo básico es un tesoro. Ya lo han dicho mil veces, no hay nada nuevo: familia, amigos, objetivos y momentos. Hay que pensar en ello siempre que te quiebres. El regreso. Te vas y vuelves. Te alejas para retornar con fuerza, para golpear con furia la vida. Está bien subir colinas altas. Pero sólo si es para observar las vistas. La tierra por ejemplo, que te ha criado. Las vistas están muy bien, pero coño, si subes, cuando llegues arriba no olvides porqué lo hiciste, lo que te llevó allí.


Tiempo para planes, todos lo tenemos. Todos vamos de puto culo. Puedes hacerlo como quieras. Pero es necesario mirar atrás. Definitivamente el pasado cuenta. Te mantiene en pie. Da sentido al futuro, y qué coño, da sentido a tu existencia y a tus aspiraciones. Lo que has conocido es el fundamento de tu ilusión. De una manera u otra. Porque lo quieras o no lo quieras, pero está claro que da un sentido a tu trayectoria. 
Llegar a cada puerto de montaña tiene que servir también para echar un vistazo al sendero abierto. Se debe disfrutar de la pausa y del reencuentro más íntimo con uno mismo. Es lo que te va a quedar hasta el último día y el último instante. Tú, contigo mismo. Y de una manera u otra, lo que habrá implícito en ti, es todo lo que hayas vivido. Hay que hacer siempre cosas. Eso es fácil. Pero te han de llevar a algún lado.  

Thursday, March 06, 2014

Temario pa mi polla

Sale el panadero gordo y me da con la barra de pan en la cabeza. El vecindario mira. Cuántas veces ha pasado ya lo mismo. Las mismas prioridades para el niño pequeño. Las mismas prioridades de siempre. Comerse los mocos, uno tras otro. Jugándose el todo por el todo por su propia nariz. Y que nunca deje de moquear. Podrían pasar años y años exactamente del mismo modo. Menos mal que el panadero gordo ha salido con la barra de pan y con muchas ganas de arrearle.

Si no fuera por las ostias que me han pegado, seguiría siendo el mismo gilipollas, el mismo desgraciado. Seguiría en la misma silla. Si no fuera por los hijos de puta que me han mirado mal, no me hubiera cuestionado quiénes tenían la razón por la mano. Si ellos o yo. Y si no hubiera llegado a reflexionar acerca de ello, puede que me hubiera acabado convirtiendo en uno de ellos. Uno más del vecindario. De esos que denuncian a las bandas de rock por hacer mucho ruido cuando sólo son las 6 de la tarde.


Hay mucho gilipollas. Yo sigo siendo gilipollas. A veces incluso más que antes. Quizás no del modo habitual. Pero sigo siendo gilipollas. Quizás no soy el típico gilipollas. Pero sigo sin atender tus llamadas. Quizás soy un gilipollas pionero, pero sigues gustándome aunque me de rabia. Y aunque ya no me duela tanto en el orgullo perder batallas, sigo siendo un mariconazo gilipollas. Un mariconazo gilipollas a la última. Vanguardista. Abrecaminos. 

Monday, March 03, 2014

Larry y los castillos acuáticos

Ni llueve, ni seca, ni cala ni mece….  ¿Qué se supone que es lo que debo hacer? ¿Qué se supone que debo decir? No creo que pueda cambiar el mundo.

Voy saltando de pieza en pieza, dejo atrás los accidentes, y mientras tanto, Larry aparece con su eterna sonrisa de broma. Entre sus dientes, sus encías. Entre sus encías, el paso del tiempo. Bajo sus ojos, la redacción de la condena al detalle. Esas bolsas bajo las cuencas contienen todo el peso de mi angustia. 

Hubo un tiempo en que fui un joven más de la revolución, portaba banderas, corría con mis amigos por todas las calles del vecindario, picando de puerta en puerta, pidiendo a la gente que se sumara a nuestra causa. Entonces sí que creía que podía reescribir el destino. Los cielos eran grises, la llovizna era persistente, los paisajes urbanos herrumbrosos, y los naturales coronados de verdín. Y mientras tanto, nosotros corriendo, gritando, ondeando nuestras banderas, tomando los edificios más altos, clavando nuestra señas en las azoteas, escuchando nuestro propio eco retumbar en las avenidas. En nuestros tiempos muertos nos mirábamos las palmas de nuestras manos. Sangrantes y entumecidas. Entonces continuábamos nuestro camino.

Y lo que obtenemos es esta clase de presente anodino en donde quienes se atreven a  pensar más de la cuenta encuentran un abismo que invita a saltar a un vacío que tiene de todo menos su parte emocionante.

Lo que obtenemos son castillos ubicados en parques acuáticos.  Una broma más broma. Un despliegue de sinrazón tan descarado, que se parece más bien a una gran carcajada, irreverente para con nosotros.  Eso mismo veo en la cara de Larry, el de cuentas. El destino nos está ganando la batalla otra vez, y nos está haciendo olvidar lo que fuimos.

Me pregunto si las banderas seguirán ondeando  en los edificios más altos de la ciudad.