Monday, April 14, 2014

Antes de ragoo

Domingo por la mañana, te limpias la mierda después de haber trabajado duro. Es la vuelta a la oficina el día antes. Tienes que atender llamadas y tratar de mantenerte ocupado, tienes que correr por una vasta llanura cabeceando a tus rivales, que son tus amigos. Hace sol, tratas de entender qué es lo que ha ido mal. Sabes que no lo vas a acertar. No es la primera vez que te pasa. Has perdido el conocimiento durante 48 horas y ahora de nuevo tienes que salir corriendo por los prados. No tienes fuerza para desear el mal a quién te ha hecho mal, pues lo ha hecho sin querer quererlo. Al final lo ha querido, porque estas cosas se quieren. La mente no tiene capacidad de decisión.

El lamento, el ultimo lamento consiste de nuevo en la poca paciencia, la mucha velocidad. Ayer por la noche pasé el coma más largo de mi vida. 12 horas que me hicieron suspirar de dolor varias veces y me hicieron preguntarme qué clase de maricona soy.


Ahora ya me siento algo más atado a la cordura de siempre. Tendré que follar para desquitarme. Aun no tengo ganas de follar para desquitarme, pero este miércoles puedo tenerlas. Aún duele. Duele mucho, y los planes, los planes siguen ahí amontonados. No es que no hubiera nada que demostrar, es que no hubo tiempo para demostrar nada interesante. LA edad del consumo de emociones me estrangula.

Friday, April 11, 2014

Al calor de los buenos amigos

Sé en qué estás pensando.
Sé que no tiene ningún tipo de sentido. 
Que desde el principio lo único que hice fue hundirme. 
Que todo lo que me había prometido, me lo estoy pasando por el forro. 
Lo sé. 
Sé que la idea de comprar la barbacoa, gastar mis días al sol y tranquilamente, acaba de saltar por los aires.
Las garantías, sin embargo, siguen siendo suficientes: El calor de los buenos amigos.

La caída estaba escrita, la sentencia emitida, la condena decidida… 
instantes antes de que nos diéramos el primer beso. 
Pero la verdad es que si me miro las palmas de las manos ahora, aunque sigan vacías, por lo menos tienen heridas.

Monday, April 07, 2014

Vuelta al Cirio



El Cirio. Tengo que volver a visitar el cirio. Tengo que arrodillarme. El gran cirio me debe una explicación, o por lo menos, yo le debo a él una convalecencia. Quizás, por primera vez sea yo el que tiene algo que contarle.

Volveré a recorrer el camino de tierra con la bicicleta, pasaré algunos campos y huertos. De nuevo, perenne él, me esperará en el mismo lugar de siempre. Como cada vez que lo visito, perseguiré su sombra con mi mirada. Después localizaré el sol, y me alinearé con él y con el gran Cirio. Como siempre, los tres elementos. El cirio es el eje. El sol a un extremo y yo al otro. Sentiré la soledad, la nada, el vació la contención. Solo allí puedo descubrir qué es lo que realmente me mueve.

Con esperanza, esperaré que una vez allí, quiera contar al gran Cirio aquello que haya ido a contarle. 
Después habrá fiesta en la torre, y acabaré como a mí me gusta: identificando los puntos oscuros donde no haya atinado a colocar mis más intensas vivencias. Solo que esta vez no habré ido hasta allí para contemplarlos, habré ido para lanzar la peonza o rellenarlos con argamasa fresca y así poder reventarlos a cañonazos de color.

No me preguntes cómo se hace, porque igual quiebro el hechizo. Pero es más sencillo de lo que parece.
En el Cirio, oscuro, vacío, el canto a la contención, el Silo Supremo, allí es donde me voy a reencontrar con los asuntos pendientes. Allí es donde rindo cuentas. En ningún otro lugar.  




Wednesday, April 02, 2014

Autopistas a ninguna parte

Tengo muchas cosas que decirte. No sé por cual empezar. Aunque el camino sea largo, no sé por cual empezar. La ruta seguramente es incorrecta. Nos lo dijimos desde el principio, y aún así, la enfilamos entusiasmados. Llovía. Siempre llueve. La tristeza se adivinaba cálida, sin embargo. Eterna. Es en esos instantes cuando sabes que juegas con fuego. Cuando llueve y no molesta. Habría muchos pasajes. Nos separarían grandes torres contra las que los mortales difícilmente pueden prestar batalla.

Éramos ciegos, nos tocábamos a tientas. Descubríamos temerosos cada rincón de nuestro cuerpo. Las caricias nos susurraban verdades que las palabras sólo podían soñar. La torpeza jamás fue tan dulce… Todo era demasiado delicado, todo pendía de un hilo frágil que se podía quebrar en cualquier momento. Cada roce podía ser el último. Así es como aprendimos a querernos, conteniendo el olvido, desprotegiéndonos ante nuestros miedos, y por supuesto, asumiendo una especie de derrota anunciada.

Cuantos más centímetros de tu cuerpo recorría, me sentía más desorientado, más abrumado… hasta el punto de perder la noción entre la realidad y todo lo demás. Y así, mientras te viajaba, desaprendí. Desaprendí hasta ni siquiera saber si lo que sentía era dolor o placer. Si lo que me embriagaba era la nostalgia por algo que nunca había vivido, o una ilusión que había venido para quedarse el tiempo suficiente para calarme las entrañas y arrancármelas después.

Méjico, la costa oeste, tu espalda… autopistas hacia ninguna parte.

Monday, March 31, 2014

Guerra de estilos


Hay una línea muy delgada entre lo que es y lo que debería ser. Una línea tan fina que muchas veces las cosas que deberían ser, se disfrazando de cosas que son y viceversa, campando ellas anárquicamente entre los dos territorios.

Las cosas que deberían ser, suelen despertar la envidia de las cosas que son. Las cosas que son incluso consideran una raza superior a las cosas que deberían ser. No las soportan, pero son ellas mismas las que las elevan. Las cosas que deberían ser no acaban de entender el odio que suscitan entre las cosas que son. Ellas están ahí, sosegadas, respetan a las cosas que son, y sencillamente permanecen muy tranquilas, muy naturales. Porque las cosas que deberían ser, digamos que fluyen. En el mundo de la imaginación, pero fluyen.

Cosas que pasan. Las cosas que deberían ser  a veces se cuelan entre las cosas que son, generando un estado de felicidad en la masa social. Se considera entonces que la ficción supera la realidad y se confía de repente en la condición humana. A menudo, sin embargo cuando una cosa que debería ser se cuela en el mundo de las cosas que son, las cosas que son tratan de ahogarla porque no soportan su belleza, supongo. Las cosas que son, son de esas cosas que piensan así como “si no eres mía, no eres de nadie”. Mal negocio para las cosas que deberían ser.

O las ahogan o, sin ellas saberlo, se convierten en mercancía, en bandera de unos pocos que son, se tornan en un “por interés te quiero Andrés”. Se desvirtúan así. Pierden su esencia progresivamente y sin caer en la cuenta. Porque las cosas que son, son listas a pesar de salvajes.


Hay que matar uno a uno a todos los corruptos del país. La clase política inmisericorde debe pagar muy duro. Hay que hacer que escarmienten. Inexorablemente nos dirigimos hacia el dolor. Nadie lo está sabiendo parar. No hay que ser un lince para darse cuenta. Todos pensamos en el fondo “a mí ya no creo que me pille, porque ya estaré más muerto que vivo. Pero muerto estás ya, gilipollas. Muerto en vida. Y postergar es lo único que se nos da bien. A la mierda con todo.

Friday, March 28, 2014

La deformación del tiempo


No sé, son las catedrales se extienden dentro del corazón. Su altura marca la anchura del torso de uno; se trata de espaciar lo espaciable hasta que se precie. Por ejemplo, el momento en que perdíamos el tren y yo te arrastraba, cogido a tu mano.  Entonces, en ese instante, el espacio se ensanchó, los sentimientos desbordaron la realidad y se esparcieron por alrededor. Es un golpeteo duro, que quiebra el hilo frágil que nos separa. Una suerte de accidente mediante el cual recibo un puñetazo en el estomago, a pesar de que solo me rozas con tu pelo mi frente.

Hablo de las catedrales que levantaron para congelar el tiempo. Hablo de estirar la realidad haciéndola sobrepasar su límite elástico. Hablo de rajarte el vientre.

Las noches dejan de ser noches, las horas cambian su nombre por el de las emociones, y los gritos amortiguados del vecindario -benditos gritos-, se tornan el escudo contra el que nos protegeremos de la deformación temporal. Parece que nada tenga sentido, pero es muy sencillo.


Piensa en la altura de esas catedrales. Solo tienes que pensar como se elevan por sobre tus costillas, como te abren en canal el torso. Eso mismo es la elasticidad del tiempo.

Monday, March 24, 2014

Queeky

A veces, siento que el sol rueda por mi nuca, siento que me abre entero y me abrasa las entrañas. Podríamos decir que es un estado de sitio, aquel justo en el que se desborda la felicidad de uno, generando en su haber una suerte de histeria contenida. Contenida, pero histeria. Noto que quiero estallar y desintegrar todo lo que hay a  mi alrededor. Convertirlo en polvo. Quiero ser el protagonista de mi propia vida, ser artífice el mejor shoot’em up que jamás se haya creado. Colocarme detrás de la cámara subjetiva, ser yo quien transite por espesos bosques cibernéticos. Ojalá, pienso entonces, ojalá  mi vida se pudiera casar con mis sueños. Ojalá se estrellaran con fuerza las ilusiones y las realidades. Ojalá cubrieran toda la oficina con un manto de ceniza que convirtiera en piedra a todos los que ya caminaban muertos en vida… ¿Cuántos de ellos quedarían a este lado de la existencia? Supongo que aquellos con licencia para sobreponerse a la inmisericorde rutina.

Que sí, que somos muchos, pero yo sólo te quiero a ti. Verás, tú eres mi camino. No me preguntes porqué. 

Wednesday, March 19, 2014

Besa seco

Ciérnete sobre mí, oscuridad, a través de ella. Deslízate empezando por los bajos de mi cama; trépame por el pecho hasta ahogarme, eternizando el último suspiro.

Ven a mí, negrura, que mi corazón tiene por despecho la autopista más sencilla de inundar, anegar del lodo y la espesura de ti… oscuridad mate, opaca, oscuridad que mata…

No confundir con el ébano esta negrura, como no se debe confundir la lástima con la soberbia, ni la bondad con la justicia. Por eso me hallo jugando con fuego al final de los días, escondido junto a ti entre los arbustos donde encontré el beso que me diste después de todo el tiempo pasado. “¿Qué tal?” me dijiste, y yo sólo pude pensar en lo enganchados que estuvimos días atrás. No acerté a contestar. A jardín abierto, los demás sacaban la tarta, la gente reía y se tomaba fotografías. Sólo sé que te encantaban las sorpresas, y mientras pensaba en cómo hacer para sacarte de tu espacio, te avanzaste, y me besaste. Me besaste anunciando el fin del mundo.

Nunca me había parecido tan bien poner precio a mi alma, nunca había sido tan fácil abandonarme a merced de una brisa proveniente de las borrascas más lóbregas. Cuando pusiste tus labios allí, supe ver que ibas más allá. Mientras se caía la guitarra de mi mano, mientras se descolgaba de mi cuerpo lo que quedaba de mi mismo… el sentido común ardía... Fue el beso un mensaje cifrado, en cada rugosidad una declaración, y en las comisuras, cañones de revelación. El mundo se acabaría, me lo dijiste con aquél beso mientras los demás reían y bailaban, mientras las copas se partían y la ciudad se resquebrajaba.
Lo sabías desde el primer momento, pero no se lo dijiste a nadie. A través de ti, una inmisericorde oleada de lamentos y arrepentimiento me invadió. Ni siquiera intenté deshacerme de la angustia, ni siquiera intenté destruir una sola de las dolorosas confesiones con que me atravesaste.

Sólo mire a mi alrededor, y ya colocado desde tu punto de vista, acerté a decir… “quizás es mejor así”.



Tuesday, March 11, 2014

Una palabra

Dame una palabra como la que me das. Suficiente. Suficiente para tomar carrerilla. No pienso leer más. Sólo la primera de las que me das, porque ella sola, prende todas las fantasías que caben en mi cabeza. Será que si escucho dónde va a para lo que me tienes que decir no  va a ser seguro tan bueno.
Dame una sola palabra, que es la chispa por la que transitan todas mis ilusiones ahora por ahora anquilosadas. Una sola, para saltar en trampolín. Arranca las riendas al caballo, pero no lo montas, Deja que corra salvajemente. Va a ser insuperable seguro. Por eso no quiero leer ni una palabra más de las que me has reservado. Quiero manejarme en la incertidumbre, vagar por la incerteza, alimentando a la esperanza mucho más que el desaliento. Permíteme que marque el rumbo de mis propias sensaciones, aunque me halle en un país de mentira, gobernado por los cuatro suspiros de mi cabeza, un país cuya religión es tu maldita palabra.
Ahora pienso que ya he estado preparando mi chándal, o un puto mantel de picnic, pienso en decirte que ya he dejado de lado mi adicción al alcohol. Que también yo sé disfrutar del sol, que también soy capaz de hacer footing y de pensar a mi manera en la autopista que hay trazada hasta lo más profundo de mi existencia.

Sí, no tengo a nadie explicándome como conducir, pero también me voy a llegar al fondo de mis asuntos. ¡Mi esquela, tú no me la quitas!

Monday, March 10, 2014

Dándome asco

Sienta cátedra. Los pájaros van a volar durante un tiempo más. Hoy presume un poco menos de problemas. Qué suerte poder tener tantas dudas y no dejar de lado un pedazo de felicidad. Qué bien poder ser como soy, tan azorado habitualmente, tan abrumado, y sin embargo, poder tener momentos finos finos.

Puedo decirlo, a pesar de concebir de manera extrema la nimiedad de la existencia, hay que hacer bien esta piruetilla de vida.

Es triste haberlo encontrado así, es triste, pero me va a servir para acercarme a la objetividad. De todo el dolor de todos los mortales, el mío es más allá e insignificante, injusto. Más allá de injusto, está injustificado… es casi una falta de respeto que me pueda sentir extremadamente miserable cuando nada me impide destrozar aquello que no me gusta. Tengo dos manos, dos piernas, un rabo que aún da buena guerra. Aún estoy lúcido. Son cosas básicas, pero coño, lo básico es un tesoro. Ya lo han dicho mil veces, no hay nada nuevo: familia, amigos, objetivos y momentos. Hay que pensar en ello siempre que te quiebres. El regreso. Te vas y vuelves. Te alejas para retornar con fuerza, para golpear con furia la vida. Está bien subir colinas altas. Pero sólo si es para observar las vistas. La tierra por ejemplo, que te ha criado. Las vistas están muy bien, pero coño, si subes, cuando llegues arriba no olvides porqué lo hiciste, lo que te llevó allí.


Tiempo para planes, todos lo tenemos. Todos vamos de puto culo. Puedes hacerlo como quieras. Pero es necesario mirar atrás. Definitivamente el pasado cuenta. Te mantiene en pie. Da sentido al futuro, y qué coño, da sentido a tu existencia y a tus aspiraciones. Lo que has conocido es el fundamento de tu ilusión. De una manera u otra. Porque lo quieras o no lo quieras, pero está claro que da un sentido a tu trayectoria. 
Llegar a cada puerto de montaña tiene que servir también para echar un vistazo al sendero abierto. Se debe disfrutar de la pausa y del reencuentro más íntimo con uno mismo. Es lo que te va a quedar hasta el último día y el último instante. Tú, contigo mismo. Y de una manera u otra, lo que habrá implícito en ti, es todo lo que hayas vivido. Hay que hacer siempre cosas. Eso es fácil. Pero te han de llevar a algún lado.  

Thursday, March 06, 2014

Temario pa mi polla

Sale el panadero gordo y me da con la barra de pan en la cabeza. El vecindario mira. Cuántas veces ha pasado ya lo mismo. Las mismas prioridades para el niño pequeño. Las mismas prioridades de siempre. Comerse los mocos, uno tras otro. Jugándose el todo por el todo por su propia nariz. Y que nunca deje de moquear. Podrían pasar años y años exactamente del mismo modo. Menos mal que el panadero gordo ha salido con la barra de pan y con muchas ganas de arrearle.

Si no fuera por las ostias que me han pegado, seguiría siendo el mismo gilipollas, el mismo desgraciado. Seguiría en la misma silla. Si no fuera por los hijos de puta que me han mirado mal, no me hubiera cuestionado quiénes tenían la razón por la mano. Si ellos o yo. Y si no hubiera llegado a reflexionar acerca de ello, puede que me hubiera acabado convirtiendo en uno de ellos. Uno más del vecindario. De esos que denuncian a las bandas de rock por hacer mucho ruido cuando sólo son las 6 de la tarde.


Hay mucho gilipollas. Yo sigo siendo gilipollas. A veces incluso más que antes. Quizás no del modo habitual. Pero sigo siendo gilipollas. Quizás no soy el típico gilipollas. Pero sigo sin atender tus llamadas. Quizás soy un gilipollas pionero, pero sigues gustándome aunque me de rabia. Y aunque ya no me duela tanto en el orgullo perder batallas, sigo siendo un mariconazo gilipollas. Un mariconazo gilipollas a la última. Vanguardista. Abrecaminos. 

Monday, March 03, 2014

Larry y los castillos acuáticos

Ni llueve, ni seca, ni cala ni mece….  ¿Qué se supone que es lo que debo hacer? ¿Qué se supone que debo decir? No creo que pueda cambiar el mundo.

Voy saltando de pieza en pieza, dejo atrás los accidentes, y mientras tanto, Larry aparece con su eterna sonrisa de broma. Entre sus dientes, sus encías. Entre sus encías, el paso del tiempo. Bajo sus ojos, la redacción de la condena al detalle. Esas bolsas bajo las cuencas contienen todo el peso de mi angustia. 

Hubo un tiempo en que fui un joven más de la revolución, portaba banderas, corría con mis amigos por todas las calles del vecindario, picando de puerta en puerta, pidiendo a la gente que se sumara a nuestra causa. Entonces sí que creía que podía reescribir el destino. Los cielos eran grises, la llovizna era persistente, los paisajes urbanos herrumbrosos, y los naturales coronados de verdín. Y mientras tanto, nosotros corriendo, gritando, ondeando nuestras banderas, tomando los edificios más altos, clavando nuestra señas en las azoteas, escuchando nuestro propio eco retumbar en las avenidas. En nuestros tiempos muertos nos mirábamos las palmas de nuestras manos. Sangrantes y entumecidas. Entonces continuábamos nuestro camino.

Y lo que obtenemos es esta clase de presente anodino en donde quienes se atreven a  pensar más de la cuenta encuentran un abismo que invita a saltar a un vacío que tiene de todo menos su parte emocionante.

Lo que obtenemos son castillos ubicados en parques acuáticos.  Una broma más broma. Un despliegue de sinrazón tan descarado, que se parece más bien a una gran carcajada, irreverente para con nosotros.  Eso mismo veo en la cara de Larry, el de cuentas. El destino nos está ganando la batalla otra vez, y nos está haciendo olvidar lo que fuimos.

Me pregunto si las banderas seguirán ondeando  en los edificios más altos de la ciudad.


Friday, February 21, 2014

Dedicado al olvido

La muerte y todo lo que hay antes.  El hogar, los perros y la fuerte tormenta que azota lo que un día fue campo, y hoy es un parque público con acceso para gente de movilidad reducida.  Toda la vida, a veces, parece ser así de fría, tanto que se olvida. Le enamora olvidar. Se olvida a sí misma. Prohibido recordar más de la cuenta. Y más prohibido aún, construir a partir de recuerdos.

Ayer soñé con Didac, el polla espada. En mi sueño, el tipo aún era delgado. Él jugaba a fútbol con los muchachos de Calafell, y yo de repente aparecía con mi edad actual, me sumaba a uno de los equipos, y le hacía una broma ácida. Didac entonces me perseguía, y yo no sabía si me quería matar enserio o sólo quería continuar con la broma. Igual que cuando jugábamos a tiburón en la piscina, y él se dedicaba a darnos caza. No recuerdo exactamente cómo fue, pero alguna vez nos inventamos una especie de olimpiadas en donde yo ganaba a Carlitos. Él lloraba y me quería apalizar. No soportaba mi victoria. Me perseguía por los pasillos de los trasteros y los garajes. Echo The Dolphin se convirtió en una especie de religión que practicábamos cada tarde en el piso de Dani. Alberto el intrépido,  se colaba en nuestra urba cada dos por tres y derrochaba ingenio a cada palabra que pronunciaba. Los gitanillos de la Piara, pobre de mí si me escucharan llamarles así, eran los actores secundarios perfectos para la pandilla que juntos formábamos. Aún había muchos más, Miguelón el ágil gordinflón, Risitas, el maño fascista, o Buzarra, el otro maño, un guaperas que me pregunto si habrá superado la trágica muerte de su padre, diagnosticado de un cáncer terminal pocas semanas antes de su fallecimiento.

El mar, el mar guardaba nuestros secretos. Nuestras vivencias, toda esa puta ilusión de músculo de niño. Nadie lo puede entender. Hay gilipollas hoy en día que no lo pueden entender. La vida se olvida, y se olvida vivir. Se nos olvida vivir mientras vivimos, pues la propia vida a sí misma parece querer olvidarse, abandonarse. Los recuerdos pues, se convierten en nada y nuestra identidad pasa a ser un objeto que uno no sabe donde colocar y cuya única función es acumular polvo.

Ayer soñé con Didac, y hoy en día, si paseo por Calafell, le sigo viendo, gordo, viejo, e igual de retrasado. No me atrevo a saludarle. Él a mí tampoco. Pero nos conocemos y nos reconocemos, porque hay cosas que por mucho que se encapriche el curso de la vida, no se pueden olvidar. Hoy veo a Alberto por Calafell y nos saludamos como extraños que se entregan a una especie de inercia divina. Pero no pasamos de allí.
Por eso, todos los castillos que construimos, por elevados que fueran en su día, resultaron ser de endebles naipes.  ¿Cómo les pregunto yo qué es lo que hemos ganado todos, desde el día que dejamos de ser los que éramos? ¿Con qué cara voy y les pregunto si de verdad quieren que crea que todos hemos olvidado todo aquello?

Anestesiados por la propia vida, que nos regala recuerdos para después invalidarnos a la hora de construir con ellos un futuro que les honre.

Thursday, February 20, 2014

Turbo Doggie Nonsence



El perro que se chupa el pito desinteresadamente en su cesta de mimbre cumple hoy su mayoría de edad. No importa, seguirá chupándose el pito como cuando tenía pocas semanas de vida. Eso más bueno que malo. A los ojos del grueso de la sociedad, puede parecer un problema. A ojos de jóvenes soñadores como yo, eso es un privilegio. El perro que se chupa el pito, sigue cantando alto y lucha como nadie por conseguir sus metas, venciendo todo tipo de obstáculos que los demás tratan de ponerle, pero a los que él, sencillamente, no les da la más mínima importancia. Su pito es su música. Su música está cerca de su corazón, y ahora paradójicamente, una vez ha encontrado su espacio de independencia, por fin se ha dado cuenta de lo que hay ahí fuera. Eso era justo lo que necesitaba para chuparse el pito con más fuerza que nunca y alcanzar una erección que le haga llegar a lugares que nunca hubiéramos imaginado los demás.

Wednesday, February 19, 2014

Lo que nos queda

Me pregunto el porqué de la intensidad de la dulce condena que es asociar un tema musical irremediablemente a un recuerdo determinado. Porqué, casi como sucede con los olores, cuando escucho aquella canción, se puede afilar tanto una memoria. Tanto que a veces puede llegar a cortar la corteza cerebral. Nos sucede a menudo. Es un sentimiento muy íntimo, una emoción que nos hace sentir únicos.  Pero ahí estamos todos, pasando por lo mismo.

Supongo que al final, una parte básica de nuestra vida se la vamos a deber a nuestra música, tanto como esta nos traslada a paisajes que ya nunca volveremos a pisar. Porque a menudo que avanza, la vida, es evidente que los recuerdos van ganando peso, y la capacidad de acción se va reduciendo. Nuestro bastión, lo que queda de nosotros cuando pensamos en lo que somos, pues, se sustenta en la armonía de unas notas en gran parte. Es un poder en el que hasta ahora apenas creía. La música, en realidad, fue mi enemiga hasta los 12 años. No la soportaba. Y ahora, mírala, se descubre como el camino para soportar tanta mierda. A veces incluso, me llego a preguntar qué tienen aquellos que no la sienten, o quienes no sienten el arte en general…


¿Qué tienen los informáticos que suben conmigo en el ascensor de L’illa, que les haga recordar quiénes son? ¿qué tienen los agresivos ejecutivos que torpedean mi camino hacia la octava planta en donde trabajo, que les  haga sentir mortalmente vivos? ¿Algo deben tener, no? ¿O se  trata sencillamente de la evasión de lo profundo? ¿acaso son doctos en la ignorancia del paso del tiempo? ¿Qué nos queda al final de nosotros mismos, que hable de nosotros? Es una pregunta muy difícil de responder. He ahí precisamente el eterno dilema: Preguntárselo, o no preguntárselo… ¿Qué nos hace verdaderamente  más felices en este camino?

Monday, February 17, 2014

Yerusa (una religión a mi medida)

Pepito abre tanto la boca, la abre tanto que pasa de pepito a pepterodáctilo, y de pepterodáctilo a mero canesú. Sé que él sabe por encima de su propia conciencia que el aspecto que presenta cuando ésta Joyosa metamorfosis sucede no es del todo agradable para los seres humanos, viles en su mayoría, mortales en su totalidad. A mi forma de ver, no con afán de creerme ulterior ni mucho menos, este milagro de la forma bien se puede considerar un sólido pretexto para dar luz a una nueva religión, donde por capricho y por background, elegiremos que Vallirana venga a ser el nuevo Jerusalén.

Sí, esta es una religión  a mi medida, donde muchos paralelismos con elementos naturales coinciden en importancia con otras creencias de alrededor del mundo. El caso es que el sol es la positividad, un cielo claro  nos ayuda a entender que no hay dudas, una gran explanada de cemento, lo que viene a ser un elemento más moderno, es el escenario donde se suceden todas nuestras desdichas. Aquí no hay graderío, aquí solo hay una red de voleibol carcomida. Mis primas son apóstoles y me invitan a bajar a la sede (como los habitantes de Vallirana llaman esa explanada sacra). Hay otros elementos que ya son más difíciles de interpretar para quien no ha experimentado días de infancia en Vallirana. La N340 representa el diablo en forma de tiempo, inexorable Capitán Muerte, que te arrebata la luz lentamente y haciéndote saber que pronto pasarás a un estadía desconocido. La construcción fácil, la especulación, las torres, la lampistería, los garajes y la ostentación, están conectadas a la “sede” y se convierten en los elementos de corrupción humana.


"No hay que alarmarse", profesa esta religión a mi medida, “no hay que alarmarse por ceder ante los placeres de la vida”. Nuestra capacidad para resistir el placer debe ser, sin embargo, limitada. Pepito viene a ser Dios. Pero no es un dios al uso. Es el dios más humano que conozco. Otro día lo explicaré un poco mejor. Hoy hace sol y practico esta religión, no tengo tiempo para más.

Thursday, February 13, 2014

Pobladora de sueños

Tienes, en días como hoy, el sol. Sí, es Febrero, ya lo sé.
Todo es perfecto, aunque no lo creas, todo es perfecto.  Te darás cuenta más tarde.  Pero hazme caso, todo es perfecto. No hay otra forma.

Te he visto en repetidas ocasiones. Alguna vez te cobras una forma real. En otros momentos te dedicas a poblar mis sueños. Sí, eso es lo que se te da mejor. Eres una pobladora de sueños. Después, me despierto, me lavo la cara, salgo a que me de un poco el aire, el sol. Me reúno con mis amigos, tomamos alguna cerveza, y mientras ellos ríen, lanzo alguna mirada fugaz que sale disparada por la ventana. Quizás justo en ese momento cruces, me digo.

Las noches son algo más complicadas, intento adivinarte entre la multitud del bar. A veces intento bailar y te proyecto entre las luces y el humo, pero solo alcanzas el estado real en momentos clave. Cuando me siento cansado, por ejemplo, y te veo preocupándote por algún compañero. Ni siquiera me miras. Sólo te giras y vuelves a desaparecer. Aún no sé quién eres.


No todo es pensar en ti. 

Monday, February 10, 2014

Hipnótico Standard

Te ves feliz. Yo sin embargo, llevo mucho tiempo sin serlo. Son las horas que me come el trabajo, son el ir de arriba para abajo, de abajo para arriba, el tiempo que me ocupa tener que izar la bandera, dar las gracias por existir a mi dios de manera, es el tiempo que me come fijarme en los demás, el ir de aquí para allá, el no parar. Verás, hay tanta gente en la que fijarse… lo más curioso es que si me fijo, lo suelo hacer por envidia o admiración. Muy pocas veces solo me lleva allí la curiosidad. Son demasiadas cosas en las que pensar. Y todas las proyecto hacia afuera.

Antes, cuando los mecanismos de mi razonamiento no los tenía yo tanto por la mano, cuando aún no sabía bien cómo funcionaba mi cabeza, me bastaba con vivir situaciones inusitadas en lugares irrepetibles. O ni siquiera eso. Un colchón hinchable en el comedor del apartamento de mis abuelos, y la compañía de buenos amigos. Las recreativas después, la película erótica de Telecinco a las 3 de la madrugada…. No sé, ese tipo de cosas. Son punzadas en el corazón.

Lo que más rabia me da, es que aún no estoy muerto. Tengo cosas buenas que ofrecer, y si algo me impide demostrarlo,  es mi propio miedo y la corriente en la que me he metido. No, no es que se me haya evaporado la inspiración y no vaya a volver.  A las puertas de los 30 aún se pueden hacer cosas buenas, pero cuesta más creérselo, o cuesta más que te dejen creer en ello, en ti mismo. A estas alturas, los teóricos deberes y las responsabilidades para con el normal corso social se hacen tan persistentes que  es muy difícil no dejarse arrastrar por lo que “debe ser”.


Llevo toda una vida librando una batalla contra este tipo de cosas, y mentiría si no dijera que la estoy perdiendo. Pese a todo, que no festejen demasiado. Aún no han acabado conmigo.

Friday, February 07, 2014

La primera respuesta absoluta

En el círculo, son aún las cinco. Es hora de mirarse al espejo y y tratar de llevar a cabo por enésima vez el magno ejercicio de osar ser objetivo.

Entonces, contigo mismo ahí delante,  te preguntas como cada tarde, si realmente eres bueno, justo, si actúas bien en definitiva. Es una pregunta muy vaga. Los grandes maestros bien lo saben, y por eso han buscado durante miles y miles de años, una manera absoluta de demostrar lo beneficioso de su existencia para el curso de la humanidad. Yo hoy me he decidido colocar a su lado y tratar de averiguar, esta vez de un modo más decidido y resolutivo, si mi actividad en la tierra, más allá de mis pensamientos, es realmente ADECUADA para los avatares del mundo.

No sé, mi idea para encontrar la respuesta anhelada es más bien sencilla.

Imagina que en la tierra existieran exactamente el mismo número de personas que hoy en día existen. Sólo con una diferencia: cada una de esas personas es idéntica a ti en todo. Sobre todo a nivel mental, emocional, racional. No me vengas con polladas de “qué mundo tan triste”… estamos hablando enserio. Estamos hablando de reflejos del alma.

Bien.

Una vez ya hemos imaginado eso, toca dar el siguiente paso. Imaginar cómo funcionaría un mundo poblado sólo por personas idénticas a ti mismo. Dejemos de lado, insisto, la idea de que todo sería gris. Es más, imaginemos que somos idénticos por dentro, en lo que se refiere a nuestros criterios, en nuestros principios, en nuestra moral, en nuestra ética y filosofía. Imaginemos que por fuera somos diferentes: distintos gustos e inquietudes, incluso diferentes inclinaciones sexuales.

¿Cómo sería ese mundo? ¿Habría guerras? Tú sabes perfectamente si habría guerras. ¿Habría dolor? ¿Habría lugar para las envidias, para el juego sucio, para lo ruin? ¿O quizás habría justicia en el sentido puro de la palabra (esto es tolerancia, respeto y un constante ejercicio de comprensión y búsqueda de la solución ante el solapamiento de hoy y de siempre de los espacios y las libertades, ante el solapamiento de las existencias)?

Tú lo sabes perfectamente. 

Es una manera fácil de saber si eres realmente, buena (amante de la coohabitabilidad) o mala persona (un pedazo de mierda insolente).

Monday, February 03, 2014

el golpeo de la intuición

Las medidas que toman, cada vez son más rigurosas. Los ajustes que plantean, más difíciles de soportar, los muros que levantan ya ni siquiera se esfuerzan en pintarlos de colores  verdes para disimularlos entre la espesura de lo que antes fueron nuestras riquezas.

Al final, por arrebatarnos, sólo nos podrán arrebatar el libre albedrío. Los colores y los sonidos e incluso la propia duda. Jamás se nos volverá a erizar el bello si no nos dejamos llevar por las inquietudes que nos asaltan en aquellos instantes fugaces entre tarea y tarea. No debemos ignorarlos. No debemos pasar por alto el momento en que la magia nos golpea. No debemos omitir aquel sentimiento difícil de explicar y encajonar. Al contrario, debemos machacarlo, exprimirlo, debemos arrancar sus entrañas y desparramarnos por encima sus tripas. Y cuando la duda asalte, nunca procures hacer lo que han hecho los demás. Sólo preocúpate de perseguir el rastro de tu intuición, que no es más que “lo que nos dejaron saber”, que no es más que “el abridor de la lata”. Que no nos arrebaten el latigazo del corazón; el puñetazo de la felicidad, o el mordisco de la pasión. Llámalo como quieras. Pero párate. Cuando lo notes párate; es más importante verlo pasar que cazar una jodida estrella fugaz. Depende de ti mismo y te puede dar lo que sueñas. Pero de verdad.


Hay lugares donde es más fácil sentir el alarido del color, supongo. Yo voy a Calafell, ya lo sabes. Y me alegra sentirlo días como el de hoy. Por eso escribo ahora mismo. Nunca me has conocido en este instante. Pero ahora mismo soy capaz de todo.