Circuncidada la emoción, me remito a mis días de yacuzzi;
Días en que mi caja torácica era digna de ver, días de reflexión en el salitre
del agua; días que me trae el directo en Sidney de Stay faraway (so close).
Una vez pensé que las personas somos lo que queda entre
nuestras realidades y nuestros sueños; El espacio que ocupamos allí, es el que
nos define.
Aún hoy temo y ansío por igual la formulación de la pregunta
total. ¿Lo estoy haciendo bien, o mal?
Me gusta pasear, eso ya lo sabes; me gusta pasear en la
soledad y morir silenciosamente. Habitualmente no albergo demasiados buenos
pensamientos hacia la condición humana; me sé parte del cáncer, de la condena.
Reconozco que la medida de la duración humana es minúscula en comparación al
tiempo que va a resistir la tierra todo el dolor que le causamos, y que por
eso, sigo pecando, un poco menos intensamente, pero sigo pecando, escondiendo
en mi parte más oscura, la idea de que mi sangre, en forma de descendencia,
sufra los estragos a los que nosotros hoy damos pie.
Todos lo vemos; vemos que esto no puede ser, pero seguimos
adelante. Sin ir más lejos, no puedo resistir la idea, de fundirme con una
mujer y con la tecnología. Hacer un trío, mi mujer, la tecnología y yo.
Todo era demasiado bonito, pese al daño que le hacíamos a la
tierra, todo era demasiado bonito como para parar; siempre queríamos más, y
nunca había suficiente. Había tantas cosas que hacer, que nunca nos dio tiempo
de pensar en todo lo que robábamos a nuestro futuro, porque es a él a quien
hurtamos, a nuestro futuro, el de nuestros hijos, el de rabino Diego.
Porque pa rabino el mío; Facto de la fe sueca, el Auserón de
los pepinos. Mi pene, de facto; tan viajero, tan él mismo. Tan tierno a veces,
tan divertido, tan duro en según qué ocasión, tan cobarde y nervioso, tan
abrumado y tan sensible, tan amante de la belleza y tan reflexivo, pensador
pasante de tiempo y de mundo; cada vez quedan menos huecos, y como cuando
cumplí 20 años y me di cuenta de que ya tenía la envergadura humana por la
mano, y que por tanto, ya concebía la totalidad de mi existencia, pasada,
presente y futura, en un espacio infinitamente superior, y por tanto
obtuve una clarividencia temible,
vertiginosa, acerca de mi ciclo como ser vivo, y por ello empecé a obrar de
manera distinta, impregnando mis actos de mucha más emotividad, llorando alma,
que digo yo, sabiendo que nada es para siempre y que todo cuenta, cerciorándome
de que si no tengo todo el valor que predican para vivir en voz alta, por lo menos, voy a apostar por la honestidad y por los
principios, por la coherencia, la diligencia y la sinceridad en mis actos, por ser digno,
que ya es mucho en este mundo de locos… No sé a quién me debo, quizá solo a mí,
quizá yo mismo sea mi propio juez un segundo antes de marchitarme del todo,
seguramente, sí. Solo por ello merecerá
la pena obrar de manera ordenada y
consecuente. Quizá así halle tranquilidad en el paso de una existencia a la
siguiente. Sin estímulos que llegan de fuera en forma de dios, en forma de
octavilla o de televisión, en forma de lo que sea. Todo debe ser procesado
aquí, en mi interior, y después, quizás después, pase a formar parte de mi imaginería
y me ayude a tomar decisiones, pero nunca antes; y bien, como iba diciendo,
queda cada vez menos existencia para mí aquí, igual que menos países que acojan
mujeres que aún no haya penetrado, todo es lo mismo; todo con su principio y su
final, y yo en el mismo sentido que todos los mortales, solo que intentado ir
más distraído, mirando las ventanas llevando las riendas de mi vida sin acabar
de mirar al frente. Quizás me la pegue. Quizás me la pegue mientras pienso que
dudo que haya alguien que haya sido capaz de verlo todo un poco más claro que
yo, al fin y al cabo.
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