Sunday, September 07, 2008

Fuegos de artificio

Tiene muchas formas distintas, se presenta de un montón de maneras diferentes, pero al final, siempre eres tú quien acaba yendo tras ellos, mientras golpeas con fuerza tus deportivas contra el suelo del pasillo del polideportivo.

Después, también puedes llegar rendido una noche cualquiera. El mundo te puede haber escupido que eres una mierda, pero tú aún tienes tiempo de sacar la guitarra y dar el último golpe de gracia. Entonces escribes una canción y te das cuenta de que, mientras lo haces, ya no sólo eres tú.

Y de repente, te encuentras en tu acto más íntimo después de la masturbación, que es el de la creación, dependiendo de otra persona. Y por fin, llega así, el día en que entiendes que hay algunas cosas que sí se pueden compartir. Unas cosas que si repartes, que si confinas en la delicadeza de otra persona, multiplican maravillosamente su valor.

A veces, pues, necesitamos que nos den un empujón para seguir creyendo en nosotros mismos. Es importante discernir lo que de verdad nos aporta de lo que no. Y nadie puede llegar a ser persona si sólo confía en sí mismo, nadie puede descifrar parte del mensaje si no recoge algo de lo que hay a su alrededor.

No somos ciegos, ni sordos, y cuando aparece una amistad, hay que cuidarla. El silencio es mucho más limpio que cualquier palabra, y ahora que aún me queda camino, pero ya he dejado atrás una parte importante de mi vida, me noto abismalmente maduro. Hay algunas cosas que acabo de aprender, y que noto que vana a ser eternas en mí. Ya he lanzado algunos cohetes espectaculares, ya he quemado algunos cartuchos, y han sonado deliciosamente. Yo los miro muy contento, y veo cómo dibujan formas fascinantes en el cielo. Y es eso, eso es.


Es el mapa de lo vivido junto a mis amigos, a mi familia, a la gente que ha pasado por aquí y por allí. Ya veo, ya veo, que estoy en la etapa en la que los primeros cartuchos han trazado piruetas que ahora mismo acabo de observar.

Noto cómo las luces se desvanecen en la inmensidad del firmamento. Las luces de mi fuego. Aún quedan muchos cartuchos que quemar, pero porfin, veo el proceso entero de la desaparición de los primeros que he lanzado. Eso es ser maduro.

Es algo que aprendes en tu interior, y que sabes que no va a cambiar.

Y después, con las primeras cosas claras, decides decir la primera palabra. La primera certeza sólida de los jardines de tu alma. Y decides compartir algunos de tus secretos. Decides que puede estar bien dormirse de una manera en que nunca antes has dormido.

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